Adoptamos a Buddy

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Adoptamos a Buddy

Buddy llega a casa

Después de la llegada de Bossy a casa, no pasaron muchos días hasta que mi hermana decidió que ella también quería adoptar un perro.

Mi madre, comprometida por haberme concedido a mi ese gran deseo, tuvo la necesidad (y casi la obligación) de concedérselo a mi hermana.

Lo tenía muy decidido: quería adoptar un perro de protectora y quería alguno que fuese o tuviese mezcla de Cocker; y después de varios días mirando la página web de la Triple A (protectora de nuestra ciudad): LO ENCONTRÓ.

Al día siguiente fuimos a por él. Estaba rodeado por sus otros hermanos (según nos dijeron: todos abandonados en una caja de cartón al lado de un contenedor de basura), pero parecía que sabía que su familia iba a por él. Creo que fue amor a primera vista.

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 Adoptamos a Buddy

Nos prepararon los papeles de la adopción, y después de comprar un sin fin de cositas (correa, collar, juguetes, camita,…), nos marchamos a casa para presentarlo a mis padres y a su “primo”, mi pequeño Bossy.

No estoy segura de a quién se alegró de ver más: si a su nueva mamá o a su nuevo primo.

¡Ooh! ¡Fue precioso!

Se convirtieron en inseparables: donde iba Bossy lo seguía una bolita de pelo llamada Buddy. 

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Las fotos no tienen muy buena calidad, es una lástima. La cámara del móvil de mi hermana, por aquel entonces, era bastante mala.

Ojalá hubiese podido ver a mi Bossy con la misma edad que Buddy… Seguro que fue un cachorro precioso, que enamoraba.

No me importa, para mi es precioso ahora y cuando lo encontré en la calle. Y puede llegar a tener la misma cantidad de fotos (o incluso más) de las que puede tener cualquier cachorro.

Recuerdo aquel día como si fuese ayer, sé que me estaba buscando, y aunque fueron varios días de búsqueda, al final me encontró.

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